Bien visto, Carozzi es como un gigante invisible: está detrás de la mitad de lo que hay en tu despensa. Los tallarines para el almuerzo, el chocolate para ver una peli, los caramelos del bolsillo de tu abuelita, la comida de tu perro. En serio, ¿no te has fijado? Mira las etiquetas.
Hoy, con más de 11.000 trabajadores, operaciones en tres países y exportaciones a 50, Carozzi es uno de los conglomerados de alimentos más grandes de América Latina. Y todo empezó con un joven migrante de 24 años y una receta familiar.
Un hombre con pasta de comerciante
Augusto Carozzi Passani nació en la Toscana en 1874. Venía de una familia que por generaciones se había dedicado a la elaboración de pastas, así que, cuando llegó al puerto de Valparaíso a fines del siglo XIX, traía consigo más que una maleta: traía un oficio. Él sabía hacer la vera pasta italiana y en Chile no había quien la vendiera. Estaba cantado.
Pero no fue llegar y montar un negocio: primero pasó diez años trabajando en el comercio local, conociendo a los chilenos y su carácter. Solo después de esa década se lanzó a fundar su propio negocio. En marzo de 1898, fundó en Valparaíso la empresa "La Joven Italia, Carozzi y Compañía", en sociedad con Francisco Vaccaro. Era un taller pequeño, artesanal y su nombre un guiño orgulloso: el esplendor de la joven Italia se reflejaba también aquí, en Chile.
Cuando se fundó Carozzi, la elaboración industrial de tallarines en Chile era incipiente y el mercado todavía no conocía esta industria. Eso era, al mismo tiempo, riesgo y oportunidad. No había competencia seria porque nadie había apostado fuerte por ese mercado. Carozzi vio un nicho y lo ocupó.
Desde el principio, la obsesión de Carozzi fueron la calidad y la cultura. Para lo primero, buscó incansable y constantemente los últimos adelantos de la industria europea para traer a Chile, y así fue como se convirtió en el responsable de introducir el trigo candeal en Chile, considerado por siglos la mejor variedad para elaborar pastas.
Para lo segundo, trató a sus trabajadores de manera distinta. Carozzi fue una empresa pionera en la entrega de beneficios para sus trabajadores: el pago de horas extraordinarias y de jornada dominical fueron medidas ejemplares y novedosas en momentos en que el tema social era motivo de polémica permanente en la nación. A ello se sumaría posteriormente el beneficio de asignación familiar a sus empleados y el pago del feriado legal, mucho antes que la medida fuera ordenada por la ley.![]()
¿Por qué Carozzi cambió su fábrica de Valparaíso a Quilpué?
En 1906 ocurrió un terremoto devastador para Valparaíso, que obligó a Carozzi a tomar una decisión que, con el tiempo, resultó ser una de las mejores de su historia.
Secar la pasta no era fácil en el puerto de Valparaíso, donde la atmósfera era húmeda. Así que, en 1907, Carozzi trasladó su fábrica a Quilpué, conocida como "la ciudad del sol". El nuevo emplazamiento era estratégico tanto por su clima como por su cercanía con la línea de ferrocarril que conectaba Santiago con Valparaíso.
Al mudarse, también estrenó nombre: "Compañía Molinos y Fideos Carozzi". La empresa creció, los productos encontraron clientes en todo el país y la planta de Quilpué se convirtió en la productora de pastas más grande de Chile.
En 1948, se inauguró en Quilpué la población Carozzi, que entregó un hogar a los trabajadores de la empresa. En pleno siglo XX, cuando el bienestar del trabajador era un concepto casi inexistente en la industria chilena, Carozzi construyó una población entera para sus trabajadores emplazada cerca de la Municipalidad de Quilpué.
Es un conjunto está compuesto por 30 viviendas de un solo piso construidas bajo el concepto de fachada continua y hoy, debido a su simetría y su importancia en la historia industrial, es Zona Típica y Monumento Nacional desde el año 2000.

¿Cuándo diversificó su negocio Carozzi?
En 1982, en uno de los movimientos más rentables de la historia empresarial chilena, Carozzi ingresó al negocio de los chocolates con la compra de Costa, compañía fundada en Valparaíso por Federico Costa en 1907, evitando así su quiebra. Costa pasó de estar al borde del colapso a ser uno de los productores de chocolates y galletas más importantes del país.
Después vinieron Ambrosoli, Agrozzi, Selecta, Pomarola, Molitalia en Perú, Sprim, Master Dog, Bresler. En un siglo de historia, Carozzi pasó de ser una importante compañía monoproductora de pastas a una de las más grandes empresas de alimentos de Chile y de Latinoamérica.
¿Qué podemos aprender de la historia de Carozzi?
La historia de Carozzi es la historia de un negocio que partió pequeño, que ha sobrevivido terremotos, crisis económicas e incendios, y que ante la adversidad ha encontrado siempre la forma de salir más grande.
No por suerte, sino por tres prácticas:
Apostar por la calidad desde el día uno: el apellido Carozzi se convirtió en sinónimo de buen producto, y esa reputación fue el activo más difícil de destruir; ni siquiera un terremoto pudo.
Cuidaron a su gente: una empresa que paga el feriado legal antes que la ley lo exija, y que construye una población para sus trabajadores en 1948, es una empresa que sabe que los trabajadores comprometidos son los que construyen y reconstruyen.
Diversificar: a veces depende de la oportunidad: Carozzi compró Costa cuando estaba en problemas, a buen precio, en un negocio que entendían: el consumo masivo. Así que este último punto podría ser también: mantenerse atentos al entorno y a las oportunidades.
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